A medida que las temperaturas globales aumentan, el hielo de los Polos se derrite y sube el nivel del mar, las áreas costeras de todo el mundo están cada vez más en riesgo. Los científicos están descubriendo que las predicciones más catastróficas estaban muy infravaloradas y las inundaciones ya son el desastre más frecuente y generalizado en el mundo, causando efectos devastadores en la vida de millones de personas y sus propiedades, así como en las infraestructuras y el medio ambiente. Con más del 80% de la población mundial ubicada en regiones costeras de todo el mundo, los efectos del cambio climático crearán cientos de millones de refugiados ambientales en los próximos años. Según la Iniciativa de Crecimiento de África, de Brookings Institution, el continente cuenta con siete de los 10 países más vulnerables del mundo ante el cambio climático, con ciudades costeras como Abiyán, Ciudad del Cabo, Durban, Lagos o Dar es Salaam seriamente amenazadas.
Tal como se argumenta en una reciente investigación de la Universidad de Newcastle, en Reino Unido, cada año un promedio de 500.000 personas se ve afectadas por las inundaciones en África occidental. La Unión Económica y Monetaria del África Occidental cree que esta región será una de las que sufran peores consecuencias del cambio climático en pocos años. El Banco Mundial ya ha expresado su preocupación por ciudades como Dakar, Lomé o Lagos, principales urbes costeras del África del Oeste, que concentran el 31% del total de la población y generan el 56% del PIB regional.
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En toda África subsahariana, en poco más de tres décadas, ha habido 654 inundaciones que han afectado a 38 millones de personas y causado alrededor de 13.000 muertes. La rápida urbanización, el crecimiento urbano incontrolado, los asentamientos informales en zonas inundables, la falta de gestión de los desechos y el mal mantenimiento del drenaje, son, según los investigadores de este estudio, los principales factores que contribuyen al riesgo de inundación en la región.
El ‘Apartheid’ climático en África subsahariana
En gran medida, los pobres urbanos son más vulnerables al cambio climático, debido a que suelen ocupar zonas urbanas con características espaciales muy poco favorables en periodos de inundaciones. Los expertos advierten que la exposición de los asentamientos urbanos a los riesgos de desastres es probable que intensifiquen la pobreza urbana, la falta de resiliencia social y su vulnerabilidad.
En ciudades como Lagos, la megalomanía de los multimillonarios nigerianos ha ayudado a construir una obra arquitectónica para proteger del cambio climático a una minoría de ricos. Eko Atlantic City, tal y como se conoce esta ciudad dentro de la megaciudad africana, ya es un icono del llamado ‘Apartheid’ climático, que se erige para proteger a una minoría adinerada. Mientras, a su sombra, miles de nigerianos pobres son desalojados de forma rutinaria de los barrios más empobrecidos, levantados casi como ciudades flotantes encima del mar.
Es bien sabido que África es la región menos responsable del cambio climático, pero más vulnerable y con menos recursos para costear los costos de adaptación a este. Por eso, en un momento en que Estados Unidos ha girado la espalda a la lucha contra el cambio climático, podemos decir que la superpotencia mundial ha girado también la espalda a África y a sus habitantes.
Los acuerdos internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible o el Acuerdo de París sobre el cambio climático han puesto un énfasis especial en África como la peor parada frente a las catastróficas consecuencias del cambio climático. Activista contra el calentamiento global como Al Gore ya han comparado la batalla sobre el cambio climático a las mayores luchas de la humanidad -como las luchas contra la esclavitud, el apartheid y la proliferación nuclear-. Pero, ¿seguiremos lamentándonos de la falta de acción de las administraciones más poderosas? ¿Culpando a los gobiernos locales y ayuntamientos como si fueran los únicos responsables? ¿Señalaremos mucho tiempo más con el dedo la falta de conciencia medioambiental de los africanos y africanas? ¿Esperaremos a que la ONG de turno halle la solución mágica para todos y cada uno de los casos? ¿O empezaremos también a tomar responsabilidades?
El consenso científico sostiene que frenar el cambio climático no es solo una tarea de mandatarios y diplomáticos. Hace pocos días, el periodista Miguel Ángel Criado publicaba, en este periódico, un artículo titulado “Hazte vegetariano, deja el coche y ten menos hijos si quieres luchar contra el cambio climático“, en el que decía: “Mientras los políticos intentan salvar el Acuerdo de París tras el abandono de Donald Trump, los ciudadanos podrían hacer mucho contra el cambio climático. Un estudio ha analizado qué medidas o acciones personales ayudarían a reducir las emisiones de CO2. El problema es que las más efectivas exigen grandes cambios en el estilo de vida occidental: con una dieta vegetariana, prescindiendo del coche y teniendo un hijo menos, no haría falta convencer a Trump”.









