
En septiembre de 2015, hubo un hombre que se convirtió en el primer refugiado climático del mundo. Se trataba de Ioane Teitiota, original de la república de Kiribati, una isla rodeada de atolones en mitad del Pacífico.
Teitiota y su mujer vivían en Kiribati, pero la situación se había vuelto peligrosa: la isla estaba amenazada por el nivel del mar, que iba aumentando a una velocidad vertiginosa, poniendo en serio peligro de inundación a la isla. Además, las fuentes de agua habían quedado contaminadas por la sal y por los desagües.
Teitiota y su mujer emprendieron un viaje: en 2007 se trasladaron a Nueva Zelanda, donde encontraron un nuevo hogar en el que vieron nacer a sus tres hijos. Un tiempo después, la familia pidió ser reconocida por aquel país como ‘refugiados climáticos’. Sin embargo, el gobierno neozelandés denegó la petición y los repatrió a su isla de origen.
A día de hoy, la isla de Kiribati se prepara para su desaparición definitiva. Por ahora, el pequeño país ha comprado tierras a Fiyi para albergar a su población.








